El New Deal 2.0 de Biden: ¿harán las paces EEUU y la ciencia?


Varias de las primeras medidas adoptadas por Joe Biden tienen el mismo objetivo: decirle a los estadounidenses que el conocimiento científico volvió a la Casa Blanca. Científicos ya celebran la revisión inicial de políticas de Trump y creen que la interferencia política en la ciencia ya es historia.

Para los estadounidenses, el término New Deal ("nuevo acuerdo", en español) es indisociable de uno de sus presidentes más famosos: Franklin Delano Roosevelt. El demócrata, que gobernó el país norteamericano entre 1933 y 1945, bautizó con ese nombre a una política pública de apoyo a las clases menos favorecidas del país con el objetivo de combatir los efectos más crudos de la crisis de 1929.

Salvando las distancias, el presidente de EEUU, Joe Biden, parece prometer a su pueblo un "nuevo acuerdo" aunque con una meta sustancialmente diferente: devolver a los estadounidenses la confianza en la ciencia.

Para los analistas, la intención de Biden de relanzar las políticas de Washington para combatir la pandemia de COVID-19 y asegurar el cumplimiento del programa de vacunación iniciado por su antecesor Donald Trump podrían asemejarse, de alguna manera, a aquel famoso plan de Roosevelt.

"En términos del involucramiento federal directo en la vida de los estadounidenses comunes, no ha habido nada desde Roosevelt y los primeros 100 días del New Deal", dijo a la revista Science el historiador médico de la Escuela Grossman de Medicina de la Universidad de New York, David Oshinsky.

De acuerdo a la revista —de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS por sus siglas en inglés)—no son pocos los científicos de EEUU que han visto con buenos ojos la llegada de Biden a la Casa Blanca, especialmente porque sus ideas y consejos comenzaron a ser escuchados con atención, algo que no sucedía durante el período anterior.

"Es el mejor esfuerzo que he visto por parte de cualquier administración, incluso contando los esfuerzos para combatir el bioterrorismo en 2001 y 2002", contó Michael Osterholm, epidemiólogo de la Universidad de Minnesota que participó como asesor del equipo de transición de Biden. De hecho, el experto admitió haberse sentido "sorprendido" de que tanto sus ideas como la de otros 15 expertos que asesoraron a Biden fueran efectivamente escuchadas y se vieran reflejadas en los planes del ahora presidente. "No fue solo para la vidriera y estuve involucrado en varios grupos en donde sucedió lo mismo", añadió.

Los científicos estadounidenses no solo valoran que se destinen nuevos fondos a completar la vacunación contra el COVID-19 y se brinde mayor respaldo a los trabajadores de salud, sino que celebran la intención del nuevo presidente de reimpulsar la investigación sobre posibles nuevas mutaciones del virus y para el desarrollo de medicamentos para combatirlas.

"Suena como si la salud pública y las ciencias estuvieran de vuelta y fueran importantes nuevamente", destacó Bruce Gellin, presidente de inmunización del Instituto de Vacunas Sabin.

La revisión de las políticas científicas de Trump

Pero el New Deal científico de Biden no se limita solo a destinar nuevos fondos sino que incluye algunas medidas políticas que directamente apuntan a reencontrar a la ciencia con la sociedad estadounidense. El ejemplo más claro es el denominado Memorándum para recuperar la confianza en el Gobierno a partir de la integridad científica y las políticas basadas en evidencia.

El documento busca complementar un memorándum similar elaborado en 2009 —cuando Biden asumió como vicepresidente de Barack Obama— y afirma en su párrafo introductorio que "las interferencias indebidas en el trabajo de los científicos federales y otros científicos que apoyan al Gobierno Federal y en la comunicación de hechos científicos socavan el bienestar de la nación, contribuyen a inequidades e injusticias sistémicas y viola la confianza que el público tiene en el Gobierno a la hora de servir a los intereses colectivos".

Una de las medidas más llamativas del memorándum es la conformación de un grupo de trabajo de "integridad científica" que tendrá un plazo de 120 días para hacer un "repaso" de las políticas científicas aplicadas, sobre todo, durante la gestión de Trump.

Una de las tareas asignadas será considerar si las estrategias científicas actuales del Gobierno estadounidense permiten "prever la interferencia política indebida en la investigación científica y la recolección de datos científicos y tecnológicos".

El grupo también deberá identificar si efectivamente hubo en los años previos políticas de integridad científica que no fueron aplicadas y si eso permitió una interferencia de la política en el trabajo de los científicos.

"Esta es una enorme oportunidad para evaluar y aprender de lo que hicimos mal bajo la era Trump", opinó Gretchen Goldman, investigadora y directora del Centro para la Ciencia y la Democracia de la Union of Concerned Scientist (UCS, Unión de Científicos Preocupados), a través de un tuit recogido por la revista Science.

Los primeros pasos de Biden parecen contentar a los científicos al acercar posiciones que se habían deteriorado con Trump. Es el caso de varios comités científicos sobre temas específicos que la era Trump habían sido "disueltos arbitrariamente", según evaluó Genna Reed, también de la UCS, a través de otro tuit reproducido por Science. Un ejemplo de esto es la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), que había visto desaparecer varios de sus paneles de especialistas mientras Trump habitó la Casa Blanca.

Fuente: SputnikNews

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